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Comunidades y clubes de mujeres emprendedoras: la unión hace la fuerza

Comunidades y clubes de mujeres emprendedoras: la unión hace la fuerza

En los últimos años se han llevado a cabo numerosas acciones que buscan reducir la brecha laboral entre hombres y mujeres. Entre esas medidas se suceden ayudas directas e indirectas y proyectos formativos que buscan estimular el emprendimiento femenino. Pese a la buena acogida de algunas de estas actividades y la irrebatible reducción de las diferencias, las cifras evidencian que existen aspectos estructurales que nos alejan de una verdadera igualdad. Para ayudar a paliar estas disparidades se han puesto en marcha numerosas comunidades de emprendimiento femenino que aúnan los esfuerzos de todos los componentes en busca de un objetivo común, superar los obstáculos estructurales que dificultan hacer negocio. Un verdadero desafío.

Recientemente, un informe del Instituto de la Mujer titulado El emprendimiento digital femenino en España: situación y prospección reflejaba unos datos que redundaban en esta desigualdad. Me parece especialmente interesante cómo el estudio profundiza en matices que en ocasiones pasan desapercibidos. No se trata de si son los hombres o las mujeres quieres crean más negocios, sino en cómo son estos negocios.

Según los datos del informe, un 72% de los emprendimientos creados por mujeres facturan menos de 100.000 euros anuales y el 70% de ellos cuenta entre 0 y 4 empleados. Se trata de cifras bastante alejadas de los negocios creados por hombres que porcentualmente tienen una dimensión mayor.

 

«Los negocios creados por mujeres se encuentran con mayores complicaciones para acceder al crédito, lo que frena su progresión»

 

El estudio del Instituto de la Mujer indica que, en los primeros años, las empresas creadas por mujeres presentan mayor solvencia que las masculinas. Sin embargo, la misma realidad de sus negocios los enfrenta a medio plazo con obstáculos que reducen o dificultan su crecimiento. ¿Por qué? Primero, porque al ser emprendimientos con un volumen de negocio pequeño tienen muchas dificultades para acceder a economías de escala. Segundo, y probablemente aún más importante, porque este tipo de emprendimientos se encuentran con complicaciones para acceder al crédito, lo que frena su progresión.

Sigamos buceando en las cifras. Según datos del año 2020, España puede presumir de ser uno de los países europeos con mayor igualdad en el emprendimiento. Nuestro país encabeza la paridad en ese aspecto en toda Europa, con 9 mujeres emprendedoras por cada 10 hombres, mientas que en el resto del Viejo Continente la relación es de 6 a 10. Sin embargo, cuando hablamos de negocios que necesitan de importantes inversiones en breve espacio de tiempo para alcanzar el crecimiento, las diferencias son extraordinarias. Menos del 20% de las start-ups españolas han sido creadas por una mujer.

Otro dato muy significativo en este aspecto: un 60% de las mujeres reciben la ayuda de sus familiares para poner en marcha y mantener el negocio.

Las comunidades de emprendedoras, una oportunidad para crecer unidas

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Estas dificultades han puesto en marcha soluciones que buscan mitigar los problemas asociados al emprendimiento en soledad y las dificultades de financiación. Dice un proverbio etíope que «Cuando las arañas tejen juntas, pueden atar a un león». O, lo que es lo mismo, aunque quizá esté mucho más manido: «la unión hace la fuerza». Eso es lo que pretenden las comunidades de emprendimiento femenino, unirse para vencer al león de la desigualdad.

Estas comunidades tienen como objeto formar un espacio de encuentro y apoyo en el que se compartan metas. La fundamental, dar las claves que permitan generar valorar a cada uno de los negocios, pero también a sus integrantes. Estos grupos suponen también un lugar de desarrollo profesional y personal en los que cada componente aporta sus conocimientos y facilita visiones novedosas de negocios ajenos.

Según el Mapa del Emprendimiento en España, un 62% de las mujeres emprenden solas, frente a solo el 26% de los hombres. El proceso de puesta en marcha de un emprendimiento supone un montón de obstáculos que, a veces, se convierten en insalvables al llegar al tiempo de consolidación. No compartir la ansiedad que genera estos obstáculos es la causa, en muchas ocasiones, de la pérdida de ilusión, del descalabro del negocio. Las comunidades de emprendimiento femenino quieren ser el amparo y el aliento que impida dicho descalabro.

Ahora bien, no estamos hablando de mantener una actitud pasiva, no se trata de grupos que solo ofertan la ineficaz «palmadita en la espalda». Estas comunidades han de ser espacios de acción, en la que cada componente haga aportaciones proactivas interesantes para todo el colectivo. El compromiso de cada una de ellas es la base en la que se sustenta el éxito de una y de todas. Y desde este compromiso es necesario plantear acciones recurrentes, eventos periódicos, llamadas a la acción, cursos o briefings colectivos que aporten soluciones específicas a problemas complejos. No se trata de entretener, sino de impactar.

 

«Todas las comunidades tienen un objetivo común: dar apoyo, ofrecer consejo, establecer una red y aprender las claves para hacer negocio»

 

Las comunidades de emprendedoras se reparten por toda la geografía española. Tenemos muchos ejemplos de estos espacios de networking y compromiso. Uno de los más renovadores es Maaya, que presume de adaptarse a cada uno de los miembros y ser flexible, una de las claves del éxito de estos servicios. El objetivo es siempre que cada miembro sea protagonista, que imparta formaciones que expliquen su saber hacer a las otras componentes y sirva también como escaparate para promocionar sus productos o servicios. La meta es clara: ayudar a visibilizar y ofrecer los secretos que van a facilitar la monetización de los negocios.

El objetivo de Mujeres Sobresalientes es similar. Hallar un entorno en el que se encuentran con otras emprendedoras, compartir y lograr un impacto positivo en cada una de las participantes. En este caso, organizan desayunos para crear red y reflexionar sobre las temáticas que pueden tener una utilidad para el negocio. Además, organizan talleres que crear sinergias entre los miembros y aquellas que quieren formar parte de él.

Como decía, existen multitud de comunidades de mujeres emprendedoras, cada una con matices diferentes, pero con un objetivo común: dar apoyo, ofrecer consejo, establecer una red y aprender las claves para hacer negocio con otras personas que tienen la misma vocación emprendedora.

Un caso particular: el club privado de negocios

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Junto a estas comunidades de emprendedoras se han puesto en marcha acciones que comparten sus valores y algunas de sus características, pero que pretenden ir un paso más allá y centrar específicamente el objetivo en la búsqueda del beneficio, en el crecimiento del negocio.

Una de las fórmulas más imaginativas que existen en España es la de Locas y Valientes, el primer club privado y gratuito de emprendimiento femenino. ¿Y qué quiere decir que sea un club y no una comunidad? Que solo se puede acceder al mismo por invitación de una de sus miembros y que exige un compromiso de colaboración activa por parte de cada una de sus componentes por parte de la economía circular. Esto quiere decir que cada una de sus socias apuesta por las emprendedoras que forman parte de él, consumiendo los productos y servicios de sus asociadas y poniendo a su disposición su red de contactos.

He tenido la oportunidad de hablar con Gloria Martínez, fundadora de Locas y Valientes, que nos relata con más detalle en la siguiente entrevista en qué consiste su club privado de emprendimiento femenino.

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Pregunta: ¿Qué es lo que diferencia Locas y Valientes de las comunidades de emprendimiento femenino?

Gloria Martínez: Sinceramente la actitud proactiva y enfocada a la acción. Otras comunidades se basan en la inspiracion, la formacion (entendida como compartir conocimiento) y las relaciones humanas. LV se centra en incitar a la acción y la implementación, con propuestas muy concretas que incluyen capacitación empresarial y metodologías guiadas que aporten un plus de seguridad. El compromiso es transformar la actitud emprendedora de nuestras socias en capacidad empresarial para que consigan liderar de manera proactiva y enfocada su negocio.

En ocasiones, este tipo de asociaciones de emprendimiento femenino tienden a valorarse como espacios, sobre todo, de apoyo. Sin embargo, vosotras destacáis que la parte esencial es «hacer negocio». ¿De qué modo creéis que podéis conseguir aumentar los clientes e incrementar los ingresos con las herramientas que utilizáis en Locas y Valientes?

G.M: El concepto se basa en generar negocio entre las socias. Tenemos el privilegio de acoger negocios de múltiples sectores y, por tanto, cualquier socia tiene acceso a múltiples posibilidades. Desde encontrar profesionales que le ayuden en temas de marketing y comunicación a servicios sanitarios, de estética, de alimentación, educativos, de ocio, complementos, moda, etc.

 

«Las mujeres todavía nos enfrentamos a barreras invisibles que muchas veces surgen de nuestras propias creencias limitantes», asegura Gloria Martínez

 

Nos basamos en una realidad: si muchas de las decisiones de consumo cotidiano las toman las mujeres, solo es necesario que decidan priorizar sus compras en negocios liderados por mujeres. Y cuando esto sucede entre socias de LV, estamos creando economía circular.

¿Por qué creéis que son necesarias las comunidades y clubes privados de emprendimiento femenino? ¿No consideráis que con un modelo tan innovador como el que utilizáis sería más beneficioso contar con todo tipo de emprendedores?

G.M: Por desgracia las mujeres todavía nos enfrentamos a barreras invisibles que muchas veces surgen de nuestras propias creencias limitantes y de la culpabilidad que a veces genera una actitud inconformista. Con esta mochila a la espalda, creemos que aún hay mucho trabajo por hacer para normalizar entre las mujeres: la ambición, la asertividad, la autoconfianza… Hasta que no consigamos esto, no vamos a competir en igualdad de condiciones. Por eso sentimos que todavía es necesario un campo de pruebas, un entorno seguro, para el desarrollo de estas capacidades de liderazgo.

De todos modos, LV nace con voluntad integradora y el deseo a medio plazo de crear una comunidad mixta, inclusiva, donde los socios compartan como valores la honestidad y la vocación de servicio desde el ámbito empresarial, porque si algo hay en el ADN de LV es el deseo de construir un mundo mejor.

¿Tenéis algún tipo de estrategia de marketing común para todas las emprendedoras?

G.M: Como te decía nuestra principal estrategia es crear un universo de marca que destaque por nuestros valores y sea capaz de atraer a consumidores activistas, que creen en lo mismo que nosotras y que están dispuestos a apoyarnos a través de sus compras. Porque si la economía es lo que mueve el mundo, apostamos por los negocios éticos, honestos y comprometidos.

Conclusión

Poner coto a la brecha de género que sigue existiendo en el emprendimiento es responsabilidad de todos, de las organizaciones públicas, por supuesto, pero también de los ciudadanos de a pie. Es necesario un cambio de mentalidad en la sociedad que rompa con los matices de desigualdad que penalizan a muchas mujeres a la hora de emprender. Mientras el tiempo y el progreso sociocultural pone este aspecto en su sitio, comunidades y clubes de emprendimiento femenino son un espacio muy útil para compartir, aprender y, sobre todo, hacer negocio.

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